El Camino de Shikoku es uno de los senderos de peregrinación más antiguos y emblemáticos de Japón. Durante más de mil años, los viajeros han recorrido esta ruta que conecta 88 templos distribuidos alrededor de toda la isla de Shikoku. A diferencia de otros peregrinajes famosos, no es obligatorio seguir un orden específico: cada persona elige su ritmo, su dirección y su manera de vivir el camino.
A lo largo del recorrido también existen 20 templos adicionales, que no forman parte del listado oficial, pero sí están reconocidos y estrechamente vinculados al peregrinaje. Son como pequeñas joyas escondidas que muchos peregrinos incluyen para profundizar la experiencia.
Tradicionalmente, este camino se realizaba a pie, en un viaje que podía durar semanas o incluso meses. Hoy en día, muchos peregrinos siguen caminándolo, pero también es común combinar tramos en tren, autobús, bicicleta o coche, lo que permite adaptar la experiencia al tiempo disponible sin perder el sentido espiritual.
El Camino de Shikoku es uno de los senderos de peregrinación más antiguos y emblemáticos de Japón, famoso por sus 88 templos que rodean la isla. A diferencia de otros recorridos, aquí cada viajero elige su propio ritmo y dirección, creando una experiencia espiritual totalmente personalizada.
Además de los templos principales, existen 20 templos adicionales (Bangai), considerados verdaderas joyas ocultas que enriquecen el viaje.
Tradicionalmente recorrido a pie, hoy muchos peregrinos combinan caminatas con tren, autobús, bicicleta o coche, adaptando la experiencia sin perder su esencia espiritual.
Shikoku es la más pequeña de las cuatro islas principales de Japón, pero quizá la que mejor conserva la esencia del Japón más rural y espiritual. Su nombre significa literalmente “Cuatro Provincias”, en referencia a las regiones que la componen:
Famosa por su danza Awa Odori y sus frondosos valles. Es el punto de inicio del peregrinaje y donde muchos sienten el “despertar” del camino. Sus templos están rodeados de naturaleza que invita a caminar sin prisa
La tierra de los udon más queridos del país. Es la provincia más pequeña, pero también la más cultural y accesible. Sus templos y colinas suaves crean un cierre sereno para la ruta.
Hogar de castillos, aguas termales e imponentes montañas. mezcla perfecta entre tradición y calma. Aquí el peregrino encuentra templos cálidos, pueblos tranquilos y vistas que iluminan el ánimo.
Salvaje, abierta al Pacífico y llena de paraísos naturales.Sus largas distancias y costas hacen que esta etapa sea la más desafiante. Es donde el camino se vuelve introspectivo y profundamente personal.
Kobo Daishi, también conocido como Kukai, es uno de los monjes más importantes de la historia de Japón y fundador de la escuela budista Shingon. La leyenda cuenta que Kobo Daishi viajó por toda la isla, visitando templos, meditando en montañas y dejando enseñanzas espirituales que hoy inspiran a quienes hacen el camino. Por eso el peregrinaje no se vive en soledad, se dice que Kobo Daishi camina a tu lado, acompañando cada paso de esta ruta. Lo peregrinos lo llaman “Dogyo Ninin” que significa “Dos personas, un mismo camino”.
La peregrinación del Camino de Shikoku es un recorrido espiritual que suele dividirse en cuatro grandes fases, cada una relacionada con una de las provincias de la isla. No es necesario completarlas todas ni seguir un orden estricto: el ritmo lo marca uno mismo.
La primera etapa comienza en Tokushima y simboliza el inicio espiritual. Aquí el peregrino "despierta" su intención, ya sea buscar paz, agradecer o comenzar un proceso interno. Es una fase suave, ideal para conectar con el propósito del viaje.
Kochi es extensa y salvaje. Esta fase representa la práctica, el esfuerzo y los momentos de introspección profunda. Es donde el peregrino suele enfrentarse a su propio ritmo, silencios y pensamientos.
En Ehime, el camino se vuelve más amable y lleno de templos cálidos. Aquí surge la sensación de claridad mental, como si todo empezara a encajar. Muchos peregrinos describen esta fase como la más emotiva.
Kagawa, la última provincia, simboliza la culminación del viaje, un cierre espiritual que no se trata de "terminar", sino de integrar lo aprendido. Aquí el peregrino comprende que el verdadero camino continúa dentro de uno mismo.
A quienes realizan esta ruta se les conoce como ohenro (お遍路), palabra que reúne la idea de “aquellos que recorren el circuito”. Ser ohenro es adoptar temporalmente una identidad espiritual: la de quien se coloca en modo introspección, humildad y apertura.
No importa la religión de origen del peregrino. En el camino hay cabida para quienes buscan fe, para quienes buscan paz, para quienes buscan respuestas… o simplemente para quienes necesitan un respiro del ruido del mundo.

La chaqueta blanca que representa pureza.

Mel sombrero tradicional cónico que protege del sol y la lluvia.

el bastón sagrado, considerado la presencia física de Kobo Daishi acompañando el camino.

una estola sencilla que indica al portador como peregrino.
Consiste en hospedarse dentro de los templos. Son sencillos, silenciosos y ofrecen una experiencia auténtica de vida monástica: comida vegetariana (shojin ryori), tatamis y, a veces, ceremonias matutinas o meditación.
Cocina vegetariana budista. Es sencilla, delicada y de la estación. No busca deslumbrar, sino nutrir, con sabores suaves que ayudan a mantener el cuerpo ligero para caminar y la mente despejada para reflexionar.
El frío del agua, el ruido ensordecedor y la sensación de entrega absoluta hacen que la mente abandone las distracciones y se enfoque en lo esencial: respirar, resistir, soltar.
Ceremonia budista donde el fuego purifica deseos, miedos y cargas emocionales. Los monjes alimentan las llamas con tablillas de madera que representan lo que cada persona quiere soltar o transformar.
Papel artesanal que se fabrica con fibras naturales y técnicas transmitidas durante siglos. Ligero, resistente y cálido al tacto, es muy usado en templos para escribir votos, plegarias o simplemente pensamientos del camino.
Pequeños amuletos que se venden en los templos para proteger, acompañar o dar fuerza durante el viaje. Cada uno tiene un propósito distinto: salud, camino seguro, serenidad, buena fortuna.