La prefectura de Miyagi, una región bendecida por las aguas del océano Pacífico y la fertilidad de sus campos, cuya capital, Sendai, es un auténtico paraíso para los amantes del buen comer. Desde carnes que se deshacen en la boca y fideos con técnicas centenarias, hasta postres de un verde vibrante que no verás en ningún otro lado; la cocina local de Miyagi es un festín de texturas y sabor umami.
Este platillo consiste en lengua de ternera a la parrilla, la cual se acompaña con arroz, sopa y algunos encurtidos. Se suele encontrar al estilo yakiniku (cocinado a la mesa), aunque en ocasiones se prepara de formas diferentes, como en karaage (frito). Este plato nació en la época de la posguerra y, a pesar de que al principio era considerado bastante peculiar, fue ganando mucha popularidad con el paso de los años.
El zunda es una pasta que se obtiene machacando edamame
(frijoles de soya verdes) y añadiendo azúcar, lo que le da un
toque dulce. Es por esto que se utiliza en diversos postres
como el zunda mochi, unos pastelitos de arroz cubiertos con
esta pasta. También se puede encontrar en postres modernos
como helados, tartas y bebidas.
El harako meshi es un platillo en el que el salmón se cocina en un caldo a base de mirin y sake. Ese mismo caldo se utiliza después para cocer el arroz, infundiéndole todo su sabor. Una vez listo el arroz, se le añade el salmón desmenuzado y se corona con ikura (hueva de salmón), lo que le brinda un intenso sabor umami a toda la preparación.
El yakisoba es un salteado de fideos y col muy popular dentro y fuera de Japón. Sin embargo, en la prefectura de Miyagi, la peculiaridad del estilo Ishinomaki es que los fideos tienen un color marrón más intenso debido a un proceso de doble vaporización. Además, se elaboran con una harina de gluten medio que los hace menos pegajosos entre sí y les aporta una textura más esponjosa.
Son fideos cortos y delgados similares al sōmen, pero con una gran diferencia tradicional: se elaboran completamente sin aceite utilizando solo harina de trigo y agua con sal, lo cual hace que estos sean esto los hace extremadamente ligeros y fáciles de digerir. Estos suelen consumirse calientes y se consumen con ingredientes de la temporada.
Un pastel de pescado prensado (kamaboko) que se moldea con la forma de una hoja de bambú (sasa) y se asa a la parrilla. Es un bocadillo tierno, con un ligero toque ahumado, muy representativo de Sendai.
Un tazón de arroz (donburi) cubierto con finas rebanadas de pescado blanco local perfectamente marinado (zuke). El pescado debe ser fresco de la costa de Miyagi y el arroz utilizado debe ser de variedades locales selectas
Conocido en español como piña de mar. Es un ingrediente marino muy peculiar con un sabor extremadamente único que combina notas dulces, saladas, amargas y ácidas. Se suele comer fresco como sashimi o marinado en vinagre.
Un guiso caliente (nabe) cuyo ingrediente estrella es el seri (perejil japonés o berro de agua), utilizando tanto sus hojas como sus crujientes raíces. Se cocina en un caldo ligero junto con carne de pato o pollo.
Un ingrediente único de la región que consiste en gluten de trigo frito en aceite de canola hasta que queda crujiente y toma forma de barra. Al cocinarse en caldos o guisados, absorbe todo el sabor y adquiere una textura jugosa y suave, similar a la carne.
Como habrás notado, la gastronomía de Miyagi no solo destaca por su increíble balance de sabores, sino por su ingenio. Cada platillo —ya sea el aprovechamiento de las raíces del seri, la doble vaporización de los fideos de Ishinomaki o el nacimiento del gyutan en la posguerra— refleja la resiliencia, la tradición y el profundo respeto que los habitantes de esta región tienen por sus ingredientes locales. Viajar a través del paladar es una de las mejores formas de conectar con la cultura japonesa.